miércoles, 27 de febrero de 2013 @ 20:59
knock out
La hoja en blanco se me hace inmensa, arrolladora, imponente: como el mar. O el silencio.
Ya no sé hacer esto.
Con la inocencia de quien no ha leído a los grandes, escribía sin parar, sin borrar nunca, y me atrevía a publicar cualquier cosa que me pasara por la mente. Creía que la rima hacía al poema, y que hablar de sentimientos sólo requería dejarse llevar por la pasión del momento. Ahora releo todo, lo borro todo. Apenas me atrevo a publicar nada; mucho menos lo que pienso o lo que siento.
Todo necesita pasar por un filtro, por un grado de depuración, que finalmente lo deja en nada. He acabado con cualquier atisbo de espontaneidad. Comprendo un poco mejor a Kierkegaard. Tengo un pudor desmedido, una vergüenza que se apodera de todo y lo destruye. Vergüenza de mí.
Admiro demasiado como para considerar digno nada de lo que yo escribo. Son tonterías; palabrería. Sueños de alguien que ni siquiera ha vivido un tercio de vida.
Ya no sé hacer esto.
Con la inocencia de quien no ha leído a los grandes, escribía sin parar, sin borrar nunca, y me atrevía a publicar cualquier cosa que me pasara por la mente. Creía que la rima hacía al poema, y que hablar de sentimientos sólo requería dejarse llevar por la pasión del momento. Ahora releo todo, lo borro todo. Apenas me atrevo a publicar nada; mucho menos lo que pienso o lo que siento.
Todo necesita pasar por un filtro, por un grado de depuración, que finalmente lo deja en nada. He acabado con cualquier atisbo de espontaneidad. Comprendo un poco mejor a Kierkegaard. Tengo un pudor desmedido, una vergüenza que se apodera de todo y lo destruye. Vergüenza de mí.
Admiro demasiado como para considerar digno nada de lo que yo escribo. Son tonterías; palabrería. Sueños de alguien que ni siquiera ha vivido un tercio de vida.
Ver en Google Chrome, 1280 x 800.