martes, 19 de febrero de 2013 @ 12:54

#nosequenumero


La cordura dura poco: medio paquete de skittles, una escapada al motel, una siesta en trigonometria. La vuelta a la realidad es inmediata. Harta de los efimeros resultados ante nuestra empresa secreta, me planteo probar nuevas iniciativas, hacer algo normal, que puesto así parece sencillo, pero siendo Shisscake, la misma, no deja de ser algo bizarro y loco. Apareció por casualidad, como todas las cosas perdidas y especiales. Todas las cosas buenas de mi vida han pasado un Martes. Excepto cuando lo conocí, que fue un Viernes. No pudo ser otro día de la semana. Sábado?, comienza con "S", como "Satatma", "Shiss", "Spuler", "Sucede". ¿Que sucede? Yo sucedo, tu sucedes, ellos ojala que sucedan, nosotros sucedemos y vosotros dejasteis de suceder (?). "No crees que es un poco pronto para estar bebiendo tanto?" Dicen que el vino es la exclusiva obra de arte que se puede tomar. ¡Qué gran verdad! Y así aconteció, en el tiempo en que una estación da paso a la otra, sin previo aviso del destino, destino deliciosamente traicionero, un primer beso simple, de esos que no tienen fuegos artificiales, ni mariposas en el estomago, ni cualquiera de esas cosas, que como quieras llamarlas, todas vienen a decir "soy un estúpido y estoy enamorado". Un primer beso al azar, un primer beso que, sin embargo, llevaba días sin dejar de pensar. Cava que cava, mi propia tumba, esa donde me enterrare cuando me dejes de querer. Y al final siempre terminamos igual, despidiéndonos. Aquellos son los momentos en los que quisiera que el reloj cayera de la pared y se rompiera en mil pedazos y que entre el sonido de cristales contra el piso se escaparan los segundos y el minutero saliera volando, desapareciendo bajo la cama. Así viviríamos LIBRES del tiempo porque ya no estaríamos mesurando sus despedidas y nunca sera hora de terminar hasta que el final aparezca... ay que lindo. Entonces como estaba yo, miraba embobada las lineas del metro sentada sin parar de llorar con sabor a skittles, mientras cantaba Bat for Lashes. A esas alturas daba absolutamente lo mismo a quien mirara o dejase de mirar. Todos eran iguales menos tu. En ese momento asentí, y es que todo calzaba magníficamente. Comprendí, aunque llegara el olvido, yo te iba a querer siempre.





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